Imanol Arias: vuelve a la Argentina para “actuar” el flamenco

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A los 62 años, el actor español debuta este viernes 10, en el Maipo, con “La vida a palos”, un espectáculo con aroma a tablao y mucha emoción en escena.

“Como en casa”. Así dice sentirse sentirse Imanol Arias cuando pisa Buenos Aires, donde tiene buenos amigos, como Miguel Angel Solá y Fabián Vena. Foto: Juan Manuel Foglia.

Lejos de la demagogia, no es de los artistas extranjeros que cuando están de visita sólo hablan bien de las callecitas de Buenos Aires, del tango, del dulce de leche, de los buenos asados, de los bares notables, de la arquitectura de Avenida de Mayo. Imanol Arias elige demostrar su conocimiento sobre la Argentina imitando a la perfección a colegas que parece conocer de memoria. Entonces, a cuento de una anécdota cualquiera -de las muchas que tiene a propósito de todo-, ensaya el decir de Diego Peretti, de Luis Luque, de Fabián Vena y de Graciela Borges (tal vez, la más lograda). Con eso acorta la distancia, y la charla crece en calidez. Sabe de actuación, el español, sabe de entrevistas. Un café y ningún apuro, en la intimidad del subsuelo del Maipo, acompañan la nota sobre su regreso a los escenarios después de 24 años. Lo último que había hecho sobre tablas fue en estas tierras, cuando en el ’94 presentó Calígula en La Plaza. Hay una historia de cercanía que va más allá de los tips turísticos de estos pagos.

De hecho, mientras fuma en la vereda como un vecino más, se acerca una mujer con la naturalidad de saludar a un viejo conocido. “Hola, Imanol, ¿cómo andás?”. “Bien, ¿vos?”, pregunta tímidamente él, creyendo no estar recordando a alguien. “Soy Pamela, de Córdoba. ¿Me puedo sacar una foto con vos?”. Esa selfie, con él sonriente y agradecido, debe estar colgada, seguramente, de los hilos de alguna red social. Para muchos argentinos, Imanol es una cara conocida, entrañable, es el Ladislao de Camila (película de 1984), el doctor Ramón de Anillos de oro (la serie de 1983), el personaje reconocible de varias películas. Es una figura internacional sin restos, siquiera, de purpurina.

En Buenos Aires, Imanol vive en un hotel céntrico junto a su mujer, Irene, fotógrafa, una sevillana que le insistió para que se le animara al flamenco.

En Buenos Aires, Imanol vive en un hotel céntrico junto a su mujer, Irene, fotógrafa, una sevillana que le insistió para que se le animara al flamenco.

Un tipo atravesado por la emocionalidad. Se le nota en los abrazos. Y en el motivo por el cual decidió volver al teatro. Desde este viernes 10, en el Maipo, será el protagonista de La vida a palos, un espectáculo cuyo título tiene como aclaración “un cante flamenco al deseo de vivir”. No es una obra más: es la honda interpretación de los textos que su amigo Pedro Atienza, un poeta de tablaos que murió en 2014, le entregó especialmente para que los convirtiera en obra. Y para que él, y sólo él, les pusiera el cuerpo en escena.

-¿En qué estado te encuentran los días previos al estreno?

-Mejor que antes. Según me cuentan los allegados, estrenaba muy mal, con una excesiva responsabilidad fuera de sitio. Con los años he aprendido que el teatro no te mata. El teatro no te exige nervios. Es algo que tienes que construir todos los días contigo mismo. Ahora, por ejemplo, tengo sensación de ansiedad, pero más por Buenos Aires que por otra cosa. Y, además, porque el espectáculo tiene una carga emotiva fuerte.

-¿Por cómo te llegó o por lo que cuenta?

-Las dos cosas. Es una pieza muy heredera de Camarón, del nuevo flamenco, en el mejor sentido. Es de la gente que lo sacó de las cuevas y de lo privado: ‘Ey, yo conozco a uno que ha oído cantar a Caracol… un día con Lola Flores’. Era algo misterioso. Y Camarón fue en ese caso, salvando las distancias, como Goyeneche: la primera vez que escuché al Polaco sentí que todo el tango pasaba por su voz. Y lo hizo internacional, le dio otro valor. Como hizo Camarón con el flamenco. La vida a palos aspira a llegar a cualquier rincón del mundo y eso, como actor, motiva mucho.

-¿La música es el eje?

-Hay una banda sonora, pero lo que se cuenta es un vínculo de padre e hijo. Es una pieza que recibí de Pedro, una novela en primera persona que empieza como todas las cosas flamencas con eso de “Yo vine al mundo con el rumbo errado, y con trampa incluida. A mí no me echen la culpa de nada. Oiga, que yo ya nací así. Yo nací cantando, porque llorábamos y cantábamos. Porque el flamenco se aprende llorando de niño. El primer grito que da un gitano ya es flamenco, no es un grito normal”. Me dio el material, lo leí y durante años me pareció imposible de teatralizar.

Imanol dice que vive la previa al estreno, este viernes 10, con algo de ansiedad. Pero que lleva cada debut mejor que antes.

Imanol dice que vive la previa al estreno, este viernes 10, con algo de ansiedad. Pero que lleva cada debut mejor que antes.

-¿Te acordás de ese momento que ahora pasa a ser clave?

-Sí, fue hace seis años. Era amigo de Pedro, habíamos pasado noches de flamenco. Yo iba a rodar a Alcalá de Henares, suponte, y a Pedro sólo se lo encontraba de noche. El siempre me buscaba. Y nos íbamos juntos a recitar, a beber. El era letrista de Camarón, de (Enrique) Morente, un tipo muy querido… Pedro pertenecía la modernidad, era de ese grupo de intelectuales que en los ’80 iba a ver a los que cantaban a Lorca. Hacía unos recitales, que según él, eran “con un tono flamenco, cortito y tonante”. Y lo que hacía era como hablar en flamenco. Y con el tiempo sentía que a eso le hacía falta teatro.

-Y ahí entrás vos en su escena…

-Claro, fue así, porque cuando hacíamos algunas cosas juntos en barcitos me decía “no te traigo para hacer eso, eso lo hacemos los que no sabemos recitar, eso no es internacional. Yo quiero que tú hagas mis poesías de otra manera, dilas como dices un texto de Ibsen, coño”. A mí me pedía a hacer lo mismo, digamos, pero en castellano. Otro decir.

-Y ese texto original, ¿tenía este título, esta estructura?

-Sí, siempre se llamó La vida a palos, porque los palos son los momentos del flamenco. “¿Qué hago con esto?”, le pregunto. “Pues, teatro, tú sabes”. Insistió años y yo no sabía cómo explicarle que no veía una obra en eso, no veía una puesta. Luego, claro, le hemos agregado cosas, incluso una idea suya, sobre el legado al hijo. Irene, mi mujer, que es sevillana, me decía: “Es una pena que no puedas hacerlo porque el texto es bellísimo”. Y yo: “A mí también me emociona, pero son 110 páginas, cuatro horas de texto. Habría que encontrar una adaptación”.

Irene anda por ahí, caminando por Buenos Aires. Bellísima mujer, descontracturada, fotógrafa. Su esposo la define: “Ella ha sido una coach de emociones muy especial”.

-¿Y cuándo le diste el sí a Pedro?

-Una vez que me llamó desde Jerez, desde un lugar que, de acuerdo a lo que escuchaba de fondo, sabía que era un cementerio de elefantes donde han acabado todos. Desde ahí me dijo: “Me voy a morir. Y te lo digo por última vez. Tienes que hacer esto, porque necesito dejarle algo a los míos. Que no he hecho más que darles sufrimiento. Al menos quiero que les quede un trozo de mi vida”.Muy ingenuamente, le pregunté: “¿Y por qué yo?”. Y dijo: “Porque tú coses muy bien trozos de vidas ajenas. Cóseme la mía”.

-Después de semejante declaración de amor no se puede más que entregar el alma…

-No te creas, yo insistía: “Pero, Pedro, no tiene estructura, pero Pedro tal cosa”. “Te voy a mandar una versión teatral, para que veas cómo se hace, coño”, prometió… El era muy de usar el “coño”. Envió el mismo texto, dividido en once cuadros. Pero introdujo al final la figura del hijo, que es lo que nos dio la idea del espectáculo. Y al poquito tiempo se murió. En su funeral, que fue una ceremonia preciosa, muchos cantaores amigos suyos me dijeron “Tienes que hacer ‘La vida a palos’. Así lo quería Pedro”. No estaba inscripta, sólo la tenía yo. Sentía mucha responsabilidad. Menos mal que me embarqué. La estrenamos en Bilbao y fue maravilloso.

En la Argentina estará cuatro semanas en cartel y luego seguirá su derrotero por varias ciudades españolas y, tal vez, por Milán. En noviembre a él lo esperan las grabaciones de Cuéntame cómo pasó, la entrañable serie (tiene su versión argentina) en la que compone a Antonio Alcántara desde hace 19 temporadas. Y en febrero, las de Velvet Colección, en las que le da vida a Godó, “un malo con una herida”.

-Aunque para los millennials argentinos seas el villano de “Velvet”, para la mayoría de los televidentes seguirás siendo el doctor Ramón de “Anillos de oro”, una de las series que abrió el camino de las ficciones españolas.

-Hay gente joven que, por ejemplo, cree que yo empecé con Cuéntame… Una lástima, porque hay una linda vida previa.

Una vida que, a los 62 años, atesora 40 de oficio, muchos de ellos transitados en suelo argentino, el mismo que ahora lo ve volver… con aroma a un tango sin los firuletes del for export.

-La palabra de Ladislao

Otro actor podría cansarse. Imanol no. Se lo piden y, siempre, cumple. Y pone el tono justo, para que la memoria ajena se encienda“Ladislao, ¿estás ahí?”. “A tu lado, Camila”. Ese diálogo final de Camila, la gran película de María Luisa Bemberg que protagonizó con Susú Pecoraro sobre un amor histórico, se ha convertido en un clásico del cine. De eso que pasaron 34 años.

Ladislao y Camila. Imanol Arias y Susú Pecoraro protagonizaron la historia de amor de una mujer de la aristocracia y un sacerdote, según la mirada de María Luisa Bemberg (1984).

Ladislao y Camila. Imanol Arias y Susú Pecoraro protagonizaron la historia de amor de una mujer de la aristocracia y un sacerdote, según la mirada de María Luisa Bemberg (1984).

Clima de anécdota, se acerca y cuenta: “Mira, una vez, en el aeropuerto de Nueva York, estaba en la cola de los trámites, y me llevan a un cuarto a hacerme preguntas. Un negro y una latina. El negro va sonriente, ella no tanto. El negro se aparta, ella se me sienta enfrente, descubro que es policía argentina y me dice: “Señor Arias, a ver si está atento… ‘Ladislao, ¿estás ahí?’. Estaba desorientado y pensé ‘No me jodas’. Y rápidamente le dije ‘A tu lado, Camila‘. Después era ‘Y dale, llevame preso‘. Y nos quedamos charlando un montón”.

-Los otros duendes del flamenco

La música estará presente en cada función de La vida a palos, la obra encabezada por Imanol Arias, que se estrena este viernes 10 en el Maipo, con el galán español Aitor Luna como contrafigura. Su hijo en la ficción. Pero más allá de las melodías, lo que habrá en escena es la interpretación teatral de esas letras. De esa forma de vida.

Imanol Arias y Aitor Luna, padre e hijo de esta historia poética, en uno de los ensayos de "La vida a palos".

Imanol Arias y Aitor Luna, padre e hijo de esta historia poética, en uno de los ensayos de “La vida a palos”.

Con textos de Pedro Atienza y José Manuel Mora, y dirección de Carlota Ferrer, la obra se estrenó en Bilbao y se presentará en Buenos Aires -con producción de Lino Patalano- sólo por cuatro semanas, de miércoles a domingo.

Fuente: https://www.clarin.com

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