La «inserción inteligente» de la Argentina en el mundo implica, en especial, recuperar, mantener y alimentar los mejores contactos a los más altos niveles políticos del sistema internacional. De allí que la nueva conversación entre el presidente Mauricio Macri y el presidente de los Estados Unidos de América Donald Trump no debe en absoluto sorprender.

No es la primera ocasión y posiblemente no será la última. La aparente simple formalidad de un dialogo telefónico adquiere en sí mismo un significado considerable cuando se atiende al momento y a las responsabilidades de ambos interlocutores. Pero a ello hay que agregar la sustancia de la conversación, cuyo contenido refleja un expreso respaldo al liderazgo del Presidente, a las gestiones que lleva a cabo el ministro Dujovne y su equipo en las «circunstancias de prueba» por los que transita la Argentina.

Destaca, también, los vínculos históricos entre los dos países, la convergencia estratégica de larga data y el hecho de ser Argentina un aliado extra OTAN de los Estados Unidos. Que el Presidente de EE.UU. haya hecho referencia expresa a este sensible aspecto, relacionado con la seguridad global, incorpora otro factor en la relación bilateral que eleva el rango de las convergencias reciprocas, tal como vistas hasta el momento.

Ahora bien, nada de esto sería pensable si no hubiese, en primer lugar un Presidente argentino con «predicamento horizontal», es decir, en la región, en el mundo en desarrollo y también respecto de otras potencias como China y Rusia y Europa Occidental, en cuyos valores morales se siente firmemente anclado. En segundo lugar, la existencia y el acompañamiento de una diplomacia dinámica y experta, incansable en la búsqueda, coordinada con todas las áreas del Gobierno, de nuevos mercados, de la integración regional, la no proliferación nuclear, el multilateralismo, las negociaciones sobre las Islas Malvinas, la presencia en la Antártida, la defensa de la democracia en la región, el G20, los desafíos que plantea el ingreso a la OCDE y las dificultados de la Organización Mundial de Comercio.

El apoyo del mundo a la Argentina en estos momentos no está dirigido solo al Gobierno. Se dirige hacia todo el país y su pueblo porque la salida de la crisis necesita de un esfuerzo colectivo. Constituye, sin duda, un mensaje al espectro político y a las organizaciones sociales.

El sistema internacional actual es difuso y con incertidumbre de liderazgos. En ese escenario, Argentina es un actor relevante que debe ser respaldado. Posee desarrollo nuclear, tecnología satelital, energía, alimentos, ciencia y tecnología y reservas medioambientales importantes. Es el octavo país en superficie sobre 193 miembros de las Naciones Unidas. Por consiguiente, no es un actor menor.

Esto lo conoce el Presidente, lo reconocen sus interlocutores y sirve para explicar las ondas que se mueven en estos momentos entre Buenos Aires, Washington, los organismos financieros y la opinión pública internacional.

Fuente: https://www.infobae.com