enero 28, 2021

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Una pista de aterrizaje para ovnis

En medio del desierto de Argentina por petición expresa de los aliens.

El ovnipuerto de Cachi, visto desde el aire.

El ovnipuerto de Cachi, visto desde el aire. NORA ALIESSIFLICKR

Corría noviembre del año 2008 cuando el suizo Werner Jaisli tuvo una revelación en forma de mensaje telepático: debía construir una pista de aterrizaje para ovnis allí mismo, en medio del desierto, en mitad de los valles calchaquíes que surcan el noroeste de Argentina. «Es una noche de ovnis», acababa de decir Werner a su amigo Luis aquella noche, cuando divisaron dos objetos luminosos: «Eran sólidos, circulares y como de metal bruñido. No sé por qué, pero mentalmente les pedí que se acercaran. ¡Y lo hicieron!», relataba entonces el suizo a El Tribuno, «algo comenzó a bullir por mi cerebro: era una orden. Me pedían telepáticamente que construyera el ovnipuerto«.

Dicho y hecho, el hombre se puso manos a la obra y, efectivamente, construyó con piedras blancas una especie de estrella gigante de 36 puntas, con 48 metros de diámetro y en el medio otra estrella, ésta de 12 puntas. En 2012 tenía lista una pista de aterrizaje para naves espaciales encargada especialmente por sus tripulantes en una zona en la que son comunes los avistamientos de objetos no identificados. El lugar se convirtió casi casi en un santuario para lugareños y cazadores ovnis. Había quien aseguraba incluso que el área permitía una comunicación más fluida con los seres de otros planetas. Pero el año pasado, Werner Jaisli se esfumó.

La gente dejó de verlo pasear por las calles de Cachi, su ciudad y capital de la región y surgieron las teorías más rocambolescas: «Hasta hay quien piensa que se lo llevó un platillo volante», confiesa un vecino al diario local, «pero se fue porque estaba cansado». Nadie conoce los motivos ni sabe qué fue del extravagante vecino, pero el Gobierno municipal se ha hecho cargo de la instalación, bautizada como La Esperanza, y no parece tener intención de desmantelarlo. Turismo manda, aunque sea de otro planeta.

Fuente: http://www.elmundo.es