junio 20, 2021

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Machirulos sin remedio II

Luis Barrionuevo y Mario Petrucci | Créd. imagen: FADA

Por Carolina Príncipe para Noticias La Insuperable ·

Ayer sorprendió un comunicado de las integrantes del equipo olímpico argentino denunciando un machismo recalcitrante que es secreto a voces en el ambiente de los sesenta y cuatro escaques. El texto de las Damas Olímpicas no debería, en verdad, sorprender para nada, aunque apreciar con detalle las tropelías de los dirigentes circulando ante los ojos de la afición es de por sí un acontecimiento  para despejar dudas sobre la calidad de conductores institucionales que en sus inicios se promocionaban como de vanguardia.

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Ojalá no sea así, pero parece muy difícil que en esta oportunidad los medios concentrados que supieron prestarle alguna atención a estas destacadas jugadoras se hagan eco de la denuncia. Al fin y al cabo la actitud de la FADA no deja de estar en consonancia con los lineamientos retrógrados del conservadurismo impuesto en el país todo. Aparte de la discriminación y el trato desigual con el que se castigó a las ajedrecistas, pesa sobre sus carreras la amenaza de sanciones arbitrarias, una forma de disciplinamiento también muy en boga, bien vista por la crema mediática.

Como antecedente es preciso destacar que la historia institucional del ajedrez argentino del siglo XXI es calamitosa, se la mire desde el ángulo que se la mire. Doce años de  barrerato en la Federación  ─las fotos de las jugadoras y jugadores con la camiseta que mostraba la leyenda “Por un ajedrez sin Barrera” recorrían el mundo en tiempos de la Olimpíada de Estambul─ dieron lugar a un caos de otros tres que se creyó había terminado en 2015 con la asunción formal de Petrucci y el supuesto fin de la hegemonía del grupo de Nicolás Barrera. Antes de ese año ambos habían demostrado habilidades para disputar el poder con todo tipo de triquiñuelas, recursos e influencias.

El discurso del actual presidente de FADA, ingeniero Mario Petrucci,  seducía con la misma terminología y propuestas que llevaron a su colega Mauricio a la presidencia de la Nación: trabajo en equipo, lucha contra la corrupción, modernidad austera, gestión más orden, sustentabilidad y, desde luego, cambio, mucho cambio. Pero parece que también en la Federación pasaron cosas. Quizás hasta alguna turbulencia.  La modernidad se vino abajo como avión de low cost y los métodos de don Nicolás, en fin, no eran tan malos para disciplinar como se suponía, sobre todo si se trata de simples jugadoras que, ya se sabe, por designio divino “juegan peor que los varones”.

En un mundo donde los bolsonaros se multiplican, las pastoras convertidas en funcionarias imponen el rosa para las niñas y las hermanas Polgar, iconos del ajedrez femenino, realizan su labor en favor del juego ciencia desde un estado que representa la vanguardia europea de la xenofobia, no es posible para las jugadoras de ningún país permanecer en la torre de marfil ni en la ilusoria apoliticidad que se elogia precisamente desde los estratos más autoritarios y patriarcales. Por incómodo que resulte, además, como resume R. Laborian en su artículo publicado en esta misma sección de NLI, el ajedrez y la política siempre marcharon a la par.

El fundacionismo, otro de los recursos predilectos de la derecha retrógrada para imponer engaños e imagen de (falsa) neutralidad, también aparece relacionado a la desigualdad de trato que naturaliza, so pena de castigo a la rebeldía, la conducción de Petrucci: una fundación creada por damas de antaño ─ya un poco aburridas de estar confinadas a la caridad del té canasta─ pero dirigida por valientes varoncitos convino con la gestión FADA apoyar solamente al equipo masculino.  En fin, un combo sin fisuras.

Ya se vio el año pasado como una jugadora peruana de primera línea se quedaba afuera de Batumi por haber osado denunciar a un protegido de la dirigencia del ajedrez de su país. Por estos lares se habló de una “venta de rifas” que, se entiende ahora, era punta del iceberg discriminatorio. No se sabe cuántas otras iniquidades se ocultarán tras el biombo de los pactos de silencio regidos por interés o miedo al garrote institucional. La única certeza es que los machirulos sin remedio son legión.


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