Nicolino Macri

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SÁTIRA | Por Onó, el Insuperable ·

 

El Estadista volvió a conceder una entrevista en territorio hostil. Cuando el vecindario quiere saber de qué se trata, nuestro Presidente no escatima verdades por más que el periodista de turno tenga todas las malas intenciones juntas. Esta vez le tocó lidiar con un populista con piel de cordero, un K disfrazado de comunicador independiente. No se la llevó de arriba el impostor.

Mientras crecía mi indignación al escuchar las preguntas aviesas, irrespetuosas de la investidura, que herían la conocida sensibilidad presidencial, me vino a la memoria un compatriota de ascendencia que, como el cornisero insolente, en vano pretendió ─allá lejos y hace tiempo─ poner contra las cuerdas a otro egregio. Me fui corriendo a Wikipedia para corroborar mi remembranza: “El 12 de diciembre de 1968, en Tokio, Fuji defendió por primera vez su corona ante el argentino Nicolino Locche. A pesar de una heroica resistencia abandonó en el décimo round debido a la frustración de no poder conectar al Intocable.”.

Tuvimos que esperar muchas décadas para volver a disfrutar de la alegría de tener a un argentino invicto. Pero llegó Mauricio, que no tuvo miedo de subirse al ring a enfrentar a un periodista fullero al que solamente le faltó intentar hacerle un piquete de ojos al peor estilo de la Chancha Ararat. Como si arbitrara Alfredo Giardina ─¡o William Boo!─ en un lejano Titanes del Gran Martín, el reo de micrófono zahirió al Estadista con sus malas artes. Pero se encontró con otro intocable, nuestro Nicolino de banda y bastón. Por eso Luis, el sotreta de turno,  terminó con más traumatismos que Paul Takeshi Fuji.

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Las verdades del Estadista, las certezas del enorme Presidente, impactaron como guantazos republicanos en la osadía del periodista militante de la cruel demagogia. Las repreguntas a traición se estrellaron contra la guardia alta de un muro democrático sin fisuras. Las virtudes del hijo amantísimo que honra a su padre tanto como a la Patria terminaron con las aspiraciones de un púgil armado de irreverencias.

El innegable paraíso del cambio, golpe de gracia del más puro realismo, hizo volar la toalla desde el oscuro rincón de los negadores que apañan la perfidia mediática: su máxima aspiración quedó reducida a evitar el knock-out que maduraba. No había que ser Osvaldo Príncipi para verlo venir como tropel de logros del mejor equipo.

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El bailoteo dialéctico de Mauricio fue un bálsamo para el televidente, harto de la infamia de un periodismo alineado con los kleptócratas que acapara pantallas y parlantes. Para el vecino de orden fue como revivir la sana tradición de las veladas boxísticas del Luna Park. Aunque las dotes presidenciales brillaron en domingo, más de un nostálgico habrá recordado Un sábado más: “Total esta noche minga de yirar / Si hoy pelea Locche en el Luna Park.”. ¡Nada de zapping! ¡Defensa impecable y ataque magistral de Nicolino Macri para todos!

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Con semejante lumbrera en el cuadrilátero republicano es imposible cultivar la mentira, minimizar la corrupción o subirse al carro de las calumnias de Justicia Ilegítima. Que los periodistas pregunten lo que quieran, que militen en tropel la difamación, que se aprendan de memoria el libreto de la jefa de la banda. Que hagan lo que quieran. El intocable los espera con la verdad en un puño.  Con Mauricio la sinceridad patriótica gana siempre por knock-out. ¿O no?


 

MyM

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