As en la manga

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Mauricio tiene la carta de triunfo para Argentina.

SÁTIRA | Por Onó, el Insuperable ·

No hay nada como hojear los periódicos bajo la luz del cielo del Jardín japonés. Las noticias brillan con todo el esplendor positivo de una patria iluminada  por los destellos de las buenas gentes que rodean a Mauricio, El Estadista por antonomasia, un auténtico Illuminati venido del firmamento. No es posible desear una lectura más gratificante.

Entre tanto dato alentador, entre tanta gala de institucionalidad, le asesté las gafas a un artículo dedicado a la esforzada Margarita, menesterosa redimida gracias al imperio de la meritocracia y la varita mágica de Mauricio, que le dio esa sabiduría casi siempre negada al zafio por designio de Mendel. Me llenó de regocijo comprobar el influjo benéfico del catecismo de la cocinera ─samaritana del cambio─ sobre sus comensales de ávida escudilla.

Parece que al habitué de Los Piletones  le fue revelado el don más destacado de nuestro presidente: tener siempre un as bajo la manga. Educados por Margarita, los rústicos viandantes comprendieron que al ataque artero  camporista siempre le llega el póker demoledor.

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Por eso el paleto bonaerense confía tanto en Mauricio, que lo guía desde su pedestal, como en La Leona, guardiana del llano. En fin, una verdad digerida entre mendrugo y mendrugo, cierta como el comer y descomer del profeta Miguelito Ponte, enemigo jurado de la orgía de indemnizaciones.

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Sabot

Mi amigo Fopeo me encontró absorto, murmurando la oración “Mauricio tiene un as bajo la manga” como verdad revelada. Tras las reverencias de rigor, Fopeo me espetó sin preámbulos: “Te quedás corto, Onó, el Presidente tiene un sabot repleto de ases. Fijate el que puso ahora sobre la mesa: más periodistas independientes a las intendencias. Luisito Otero va a hacer punta en Avellaneda. Una genialidad”.

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Quedé mudo. “Y la cosa ─agregó─ no termina ahí: personalidades en diálogo para superar la grieta; más periodistas, cineastas del riñón, en fin, todo sacado de la manga”. No pude menos que exclamar: “¡Y de la galera! ¡Chapeau!”.

El gran Fopeo es hombre informado, macrista de primera hora pero independiente. Un mimado de Jaime.  No dudé de sus palabras. Sé que frecuenta la mesa chica porque una que otra vez coincidimos en alguna de las artúricas reuniones. Tampoco se priva de visitar Los Piletones e instruir a Margarita, alumna que siguiendo sus lecciones eludió el espinoso camino del servicio doméstico a destajo.

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Con placer departimos un rato más sobre la importancia de darle al vecino de orden la buena nueva del cambio, de acercarlo a figuras simpáticas de la pantalla, de mostrarle que El Estadista tiene todo bajo control, desde el dólar hasta las intendencias.

También hablamos de la tranquilidad que le da al plebeyo saber que su Presidente tiene el as a mano para enfrentar cualquier rémora populista o amargo imprevisto. “Sobre las cartas, la mesa”, me dije en homenaje interior a la querida señora Bisman. Dejamos chistera y conejos para otra conversación. Ya lo afirmamos muchas veces pero merece la pena reiterar el aserto: no hay nada como la magia del cambio. ¿O no?


 

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