El camino del miedo

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Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

El miedo se apoderó de la sociedad argentina. La miseria, la desocupación, la quiebra o la bancarrota son realidad cotidiana de miles de personas. Por el lado minoritario, los ganadores temen que la rapiña concluya de manera tan indecorosa que los obligue a resignar una porción de lo acumulado. A los cómplices del engaño político-económico que representó Cambiemos comienza a aterrorizarlos el ostracismo en un futuro tal vez cercano. A los opositores, el fraude.

 

La economía acrecienta su protagonismo. Día a día perfecciona el papel de feroz opositora que delata, sin el éxito esperado, las imposturas del macrismo. Las ganancias de los bancos desvelan al presidente del BCRA, Guido Sandleris, no por su carácter escandaloso, señal de improductividad rayana en la aberración, sino por la posible incidencia negativa en las próximas elecciones. Busca una forma solapada de censura que evite la publicación de cifras indignantes para el tropel de perdedores, mayoritario en las urnas. La banca, ni lerda ni perezosa, aprovecha para reiterar el reclamo del ajuste por inflación de sus estados contables.

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En paralelo a los avatares del festín especulativo marchan los terrores del diario vivir, resumidos en precios de supermercado, tarjeta SUBE, telegramas de despido e impredecibles facturas de servicios esenciales. El cogobierno conservador-mediático extrema esfuerzos para atomizar la tragedia colectiva hasta convertirla en desgracia individual no exenta, claro está, de culpa por mérito insuficiente. La apuesta en gran parte sigue girando alrededor de la nueva censura, por eso Sandleris reclama sin ambages la extensión del servicio también al dato numérico, puro y duro.

En un contexto de terrores estratificados, la flor y nata del capitalismo financiero ha dado muestras de interés en extender la temporada de beneficios en los mercados argentinos. El FMI no ha dudado en soliviantar sus estatutos para sacarle las papas del fuego a Dujovne. Los despropósitos de la conducción económica siempre han disfrutado del guiño cómplice de organismos o colectivos de influencia en el mundo de la finanza occidental. Las críticas de la prensa especializada extranjera funcionaron solamente como reforzadoras de una imprescindible imagen de verosimilitud, un remedo de advertencia responsable de amigos.

Así las cosas, todo lleva a pensar que el macrismo llegará incluso a quemar las naves antes que perder este acompañamiento temerario de la hermandad especulativa. El famoso rumbo inquebrantable, el “es por ahí”, confirman la indisoluble pertenencia. El último viernes fue tildado como negro en relación al mercado local, tinte que ya no sorprende como calificativo para ningún día hábil. Lo difícil de determinar en semejante marco es si la quema de naves está en curso o en preparación, duda que no justifica la simpleza de considerar acabado el modelo. Ni siquiera el gobierno.

Los miedos ─en sus diversas categorías─ unidos a la alienación se constituyen en inestimables aliados del oficialismo extendido, es decir: del macrismo gobernante pero también de las segundas marcas salva-modelo, periódicamente testeadas en su inocuidad. El as presidencial bajo la manga ─objeto de sátira de Onó, el Insuperable─ que Margarita Barrientos, no sin picardía, pone en boca de personas al borde del abismo social, es un indicio de la manera en que podría encauzarse la aterradora desesperación cuando se presupone que los efectos demonizantes todavía pesan sobre la oposición real al modelo de la nueva derecha.

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Por el flanco de la más feroz opositora, aunque el equipo económico parezca dar palos de ciego para sobrevivir en su propio laberinto, la determinación de la hermandad de la finanza sigue tan firme como siempre. En el territorio sindical todo marcha a pedir de Macri: la paz electoral alcanzada con la CGT supera las ansias oficiales de calma porque al tiempo que desmoraliza al asalariado arrastra a la categoría de colaboracionistas a todos los que dicen identificarse con el campo popular. La ausencia de paros generales es simbólicamente devastadora. Una cuota extra de temor y desilusión.

El caso D’Alessio podría considerarse con jerarquía de termómetro para evaluar a corto plazo la resistencia de la coraza oficial. Es de tan extrema gravedad institucional que a primera vista parecería insoslayable. Sin embargo, los embates para reducirlo a esdandalete de farándula periodística mezclado con grotesco de espionaje lograron un éxito apenas eclipsado por un ataque frontal del gobierno que lo demoró más de lo previsible pero no confió del todo en su aparato como para eludir exponerse con denuestos al juez llevados hasta el extremo.

Los segundos mandatos son en extremo asequibles para los oficialismos, que cuentan con la ventaja de una infraestructura estatal pródiga. Si se suman el blindaje mediático pertinaz, la potencial capitalización de miedos e incertidumbres y una lawfare ramificada como para golpear sin demora en cualquier circunstancia, sólo una debacle oportuna en tiempo y forma podría desbaratar las aspiraciones de continuidad del modelo retrógrado que impuso Cambiemos. Desde el atajo del fraude hasta el macrismo sin Macri habría decenas de matices de permanencia modélica.

Alenric – @ale_enric


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