Esperanza responsable

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Por Alejandro Enrique Para Noticias La Insuperable ·

El escenario preelectoral argentino está en carne viva. La definición de CFK le puso fin a la diletancia proselitista. Lo que metafóricamente se destaca como magistral jugada de Cristina Fernández también parece ser una advertencia. El movimiento estratégico, exacto e inesperado en un tablero político que en las circunstancias actuales poco tiene de lúdico, puso en evidencia que la crisis que hoy atraviesa el país en verdad no registra antecedentes.

Sin perjuicio del mérito que conlleva descolocar al oficialismo ─personeros-satélite incluidos─ y forzar disparates analíticos en los medios adictos al modelo Cambiemos, el mensaje que entraña su decisión se ubica por encima de la pugna electoral, en el estrato del realismo más arduo. La debacle socioeconómica arde en un contexto de degradación sistemática de la actividad política y pérdida de valor de la palabra promovidos por el macrismo como estrategia para mantener el odio imperante en altísimos niveles.

La advertencia, si fuese acertado considerar de esta manera los alcances profundos del anuncio de CFK, trascendería ampliamente el espacio donde su liderazgo es indiscutible. En una Argentina que en poco tiempo se ha superpoblado de perdedores, bien valdría un llamado a la reflexión en los bordes mismos del precipicio.

No es la primera vez que CFK invita a quienes la escuchan a esforzarse por comprender, pero este podría ser el último convite.  Todo tiene un límite. Al país de las cíclicas restauraciones conservadoras ya se le habrían agotado las oportunidades de descender a los infiernos para luego volver a emerger hasta la próxima reincidencia. No quedaría resto.

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El modelo especulativo-prebendario esta vez fue llevado al extremo, con rapidez y profundidad, al tiempo que se fomentaba desde el gobierno la repulsa hacia cualquier disidencia. Los perjudicados, hoy por hoy, son legión. El tránsito hacia 2020 se prevé, con suerte, pavoroso. La economía real sigue en picada. Se aguarda una fuerte corrida cambiaria, inminente e inevitable. No queda nada del último desembolso de Fondo Monetario. Todo lo fagocitaron servicios de deuda y fuga.

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En pocos meses la tasa de referencia que el Banco Central refleja a través de las Leliq a siete días pasó de algo más del 40 % a ubicarse por encima del 70 % y el dólar, única variable que el equipo económico ha decidido esgrimir para simular estabilidad, avanzó solamente de $ 42 a $ 46. El desfase porcentual es fácil de advertir. El próximo trimestre se perfila como una ruleta rusa económico-financiera.

Los monopolios predatorios reinan en un país ahora primarizado e improductivo ─sin el horizonte de un desarrollo científico en ciernes ni el paliativo de un sistema de educación estatal inclusivo─, librado al capricho de los especuladores.  La precariedad del trabajo se instala como logro cultural o panacea contra el desempleo. El FMI descarta que impondrá la reforma laboral y previsional muy pronto, antes o después de las elecciones, sea quien fuere el presidente. Argentina está contra las cuerdas.

Eludir la desocupación tampoco da esperanzas a los que todavía, a duras penas, se mantienen a flote porque, como afirma Vanoli,  “en una economía colonial no hay fondo: el trabajo puede degradarse prácticamente hasta la esclavitud; la economía marcha en función al poder central.”. El desguace macrista nubla todos los frentes, obstruye todas las salidas. El regodeo oficial en la impostura confirma que el daño se proyectará a futuro como previeron sus hacedores.

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Mientras la crisis terminal no estalle, el puñado de ganadores seguirá justificando el calvario de la misma forma en que lo inició: noticias falsas, operetas, lawfare y opiniones sesgadas al máximo, como la del editor multimedial Ricardo Roa: “Con más habilidad para sorprender que para acertar, Cristina busca garantizar la impunidad.”. El periodismo de guerra aún no ha terminado. Y si le quedase poco, habría que pensar que el de posguerra podría ser peor.

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Pero como la crisis terminal está a la vuelta de la esquina, la definición de Cristina tuvo también mucho de antídoto contra mercaderes dispuestos a arrasar sin más trámite el campo económico. Es impensable  comenzar de cero en los actuales contextos de Sudamérica y el mundo. Sería suicida apostar a que la irracionalidad macrista llegase al límite de la implosión.

A pesar de lo funesto del panorama económico, de lo desesperante que resulta proyectar sus consecuencias a largo plazo, la advertencia y la invitación de la expresidenta  se ubican, como señala Juan Carlos Tealdi, en el plano ético-político. Sus reflexiones explican la decisión, que no es regodeo en el renunciamiento ni gala de superioridad estratégico-electoral: “Todos han sabido leer la propuesta estratégica del mensaje, pero pasada la sorpresa creo que debemos reflexionar sobre la invitación a la ética política del mismo.”.

La exaltación constante de la antipolítica, la exacerbación de antagonismos y enfrentamientos en todo plano imaginable que se motorizaron desde las usinas PRO antes de 2015 y después, con fuerza multiplicada, desde las oficiales, más opulentas en recursos y audiencias, mantuvieron a la ciudadanía bajo una suerte de larguísimo prolegómeno de contienda civil blanda.

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Permitir que se extendiese sin cuestionamientos tan irresponsable práctica con el refuerzo de un proselitismo miserable significaría lo mismo que apoltronarse en un callejón sin salida a una esperanza racional. En situaciones límite, mal que pese a los cultores del marketing de la politiquería de objetivos meramente electoralistas, frente a la destrucción del bienestar y las expectativas ciudadanas, sólo cabe reconstruir desde la auténtica política.

La invocación de grandes acuerdos nacionales ha pasado a ser un lugar común de oportunistas. No hay consenso posible entre irresponsables y devaluadores crónicos de la palabra. Tampoco sería imaginable si se porfía en convertir a la ciudadanía en vecindad facciosa, adscrita sin reflexión a divisas basadas en la confrontación autodestructiva.

El “cambio cultural” mentado por el macrismo arrasó con valores esenciales para la convivencia. La propuesta del contrato social de ciudadanía responsable de CFK podrá madurar o anquilosarse. Su crecimiento no depende en exclusiva de una victoria electoral, necesaria pero insuficiente. Exige otra mirada, visión de conjunto, voluntad de comprensión.  Y, por supuesto, asumir que existen responsabilidades políticas de distinto grado pero en todos los estratos de la sociedad argentina.

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AF_CF

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