La Argentina frente a la “ortopedia moral” de Cambiemos: legados y perspectivas a meses de las elecciones

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| Conversando con Paula Canelo | 

Imagen: TRAMAS (Escuela de Gobierno del Chaco)

Por Juliana González Jáuregui para Tramas · 

Los años electorales en la Argentina son, siempre, intensos. Parecen incrementarse las oportunidades para el debate, sea en un café, una clase, una conferencia. La política se abre espacio, un espacio que, en nuestro país, es amplio, pero de cara a las elecciones, se vuelve aún más extenso. El 2019 no es un año más, no sólo porque se replica ese escenario, sino porque, esta vez, reina la polarización. De cara a esa coyuntura, cuando pensamos en esta entrevista, no sólo queríamos analizar cómo se perfila el mes de octubre, sino también por qué hemos llegado a este momento histórico, y cómo. La combinación de factores culturales, económicos, sociales y políticos en una realidad tan compleja como la de la Argentina de hoy precisa, justamente, de un entrevistado que tenga la capacidad de aunar esos compartimentos que, a simple vista, parecen ir por carriles paralelos, pero tienen mutua influencia. Paula Canelo, en su estilo tan personal, simplificó la interpretación de cuestiones que resultan difíciles de explicar. Las diez páginas que resumen nuestra conversación dan cuenta de todos y cada uno de los asuntos que están en juego en este momento tan particular de nuestro país.

Paula es Vicedirectora del Centro de Innovación de los Trabajadores (CITRA), CONICET-UMET. Es Doctora en Ciencias Sociales por la FLACSO, Magister en Ciencia Política (IDAES – UNSAM) y Licenciada en Sociología por la UBA. Además, es Investigadora Independiente del CONICET y docente de grado y posgrado de la UBA y la UNSAM. En la actualidad, coordina, junto con Ana Castellani, el Observatorio de las Elites del CITRA. Es autora de numerosos trabajos que analizan la historia reciente de la Argentina. Su último libro es “Los Puentes y las Puertas. Las fronteras de la política argentina a través de sus elites”, que compiló junto con Mariana Heredia, editado por UNSAM Edita, y actualmente prepara un libro sobre la Argentina de Cambiemos, para la Editorial Siglo XXI.

Fresca, suelta, desestructurada, y dueña de una claridad conceptual inusual, Paula es de esas intelectuales que da placer entrevistar. Al iniciar la conversación, la invité a retomar una idea que desarrolla en un artículo escrito para Artepolítica, acerca de la construcción de las miradas aspiracionales. A partir de la propuesta del gobierno actual, que apareció ya en etapa de campaña, y se consolidó a lo largo de la gestión, de generar un “cambio cultural”, le pregunté: ¿cuáles han sido las consecuencias de ese discurso simbólico, que se auto-identifica como “no político”? ¿Qué legados deja esa promesa, en términos de construcción política, luego de casi cuatro años de gestión?

Ante mi planteo, Paula se entusiasmó e inició un análisis exhaustivo sobre el gobierno de Macri: “La idea del “cambio cultural”, tal como mencionas, hay que colocarla entre comillas porque, en realidad, es un término “nativo”, es el nombre que Cambiemos le ha dado a esta propuesta de refundación de la sociedad argentina. Cambiemos llegó al poder y, a diferencia de otros proyectos políticos que se enfocaban más en una continuidad respecto de gobiernos anteriores, como, por ejemplo, el gobierno de Fernando De la Rúa, que se fundaba en una cierta corrección política del gobierno menemista de la Convertibilidad previo, Cambiemos viene a proponer lo que yo llamo en mi nuevo libro, una “ortopedia moral”. Cambiemos viene a corregir, a modificar y a “enderezar” ciertas deformaciones en la cultura política de los argentinos. Esto tiene varios ejes de análisis; uno de los más importantes, donde el gobierno ha insistido mucho, es el de los consumos, lo que ellos denominan “consumos irracionales” o las “costumbres de país rico”. El hecho de corregir esos consumos irracionales es un eje muy importante del “cambio cultural”, porque se intenta, precisamente, enderezar conductas previas, que tienen que ver con las que adoptaron los argentinos durante la etapa kirchnerista populista”.

Ante esa afirmación, me atreví a interrumpirla y consultarle si ella piensa que esa “ortopedia moral” que plantea Cambiemos, ocurre en base a una conducta argentina que el gobierno considera histórica, es decir que posee larga trayectoria, o bien es un “cambio” que se plantea, sobre todo, en contraposición al Kirchnerismo. Al respecto, destacó: “En mi opinión, el Kirchnerismo es el antagonista principal, porque es el enemigo que está más a mano, el que va a dar los réditos electorales que Cambiemos sigue buscando. Sin embargo, la refundación que plantea el gobierno persigue el objetivo de reformatear la sociedad argentina buscando restaurar el modelo de sociedad de la “República dorada” de los Patricios Progresistas. En ese sentido, es un gobierno bien de derecha, que recupera varios de los elementos clásicos de la derecha tradicional, y le agrega algunas cuestiones un poco más modernizantes. Lo cierto es que, Cambiemos viene a restaurar el “orden perdido” por la Argentina, cuando nuestro país, afirman, estaba conducido por elites ilustradas, políticamente ordenado, sin masas participando en la política, económicamente próspera; aquella Nación de la Generación de 1880. Más allá de que, por supuesto, el espectro de las derechas en la Argentina ha sido muy heterogéneo, sobre todo, porque ha tenido expresiones tanto civiles como militares en determinadas épocas, Cambiemos recupera muchos de los elementos simbólicos y culturales de esas derechas. Uno de los rasgos más importantes es la idea de la contraposición con el populismo. En ese sentido, si bien el Kirchnerismo es el antagonista principal, e inmediato, Cambiemos, en su acción refundacional, en esa “ortopedia moral” que propone para los argentinos, va a ir mucho más lejos. En realidad, no sabe muy bien hasta dónde, porque siempre escuchamos en los discursos de los altos funcionarios que estamos en crisis hace 50, 70, y hasta 80 años; de esa manera, se intenta establecer una frontera entre aquellos tiempos, y los actuales, que son “de cambio”. En efecto, establecer una frontera ambigua les viene muy bien, porque les permite ampliar el alcance de la refundación. Las contradicciones que tiene el gobierno en este plano son explícitas; no se confunden cuando dicen 50, 70 u 80 años, sino que en cada una de esas formulaciones les hablan a distintos públicos. Entonces, si bien el antagonista más directo es el Kirchnerismo, el más amplio es el populismo, en todas sus versiones. Por eso la promesa de Cambiemos es una promesa que el mismo gobierno presenta como anti-populista, orientada a corregir los consumos irracionales, la supuesta apetencia de los argentinos por las “salidas fáciles”, los “atajos”, por no sacrificarse, por “vivir del Estado”, de “prebendas”. Cambiemos tiene una cosmovisión sobre el populismo que confluye, poderosamente, con la de otras derechas”.

Su análisis sobre la “ortopedia moral” que propone Cambiemos inspiró la siguiente pregunta. Esta vez, quería que ahondara sobre las implicancias que tiene esa acción refundacional para la sociedad, para los ciudadanos; no sólo aquellos que están más comprometidos con la actividad política, sino la ciudadanía en su conjunto. Me interesaba profundizar sobre este tema porque, justamente, en un artículo de opinión que escribió para el diario Página/12, Paula resalta que una de las funciones principales del gobierno de Cambiemos ha sido la de mantener las distancias sociales, en especial, entre sus adherentes y los sectores más pobres y vulnerables de nuestra sociedad.

Luego de escucharme atentamente, sostuvo: “Cambiemos, restauró las distancias sociales que habían sido tensionadas por el kirchnerismo; ¿qué había sucedido durante los años kirchneristas? Las políticas de inclusión socioeconómica habían provocado un achicamiento de las distancias entre los diferentes sectores sociales. Los sectores más altos, y los medios, veían el ascenso –muy heterogéneo, pero contundente–de las clases medias más bajas y de los sectores populares, que accedían a nuevos consumos, a nuevas prácticas, y nuevos valores y aspiraciones, novedades que los acercaban a los sectores superiores en la pirámide social. Eso generaba, a su vez, nuevas demandas y, por ello, provocaban malestares y reacciones bastante importantes en las clases medias altas y medias bajas, que veían el acercamiento de aquellos que tradicionalmente se espera que estén por debajo”.

Antes de proseguir, Paula quiso realizar una aclaración: “Las Ciencias Sociales no tienen pretensiones morales, no están buscando ver quién tiene la culpa, quién es responsable, o si las clases sociales son buenas o malas. Las clases sociales son construcciones que hacemos los sociólogos y los cientistas sociales para comprender la sociedad, pero, lo cierto es que las posiciones que los individuos ocupan en los diferentes sectores sociales es algo que tiene existencia concreta para ellos, porque la auto-percepción de sí mismo sobre la pertenencia a un grupo social, va a incidir en las distancias que necesita que se marquen respecto de otros grupos, las expectativas que tiene de modificar su posición y, por ejemplo, aspirar por un ascenso social; también en los consumos, las prácticas, las identidades políticas que estos grupos comienzan a producir. Cuando esas distancias, por uno u otro motivo, se ven alteradas, sobre todo cuando se trata de procesos de inclusión social –aquí corresponde hacer, nuevamente, una aclaración: esto no pasó solamente durante el Kirchnerismo, pasó también durante otros peronismos–, hay tensiones muy fuertes de parte de los sectores, sobre todo de los que están más cerca, que son los que se sienten más amenazados, porque sienten que sus posiciones están en riesgo. Todas las sociedades se basan en que los individuos podamos establecer criterios de distinción respecto de los otros, y cuando esto se altera, es esperable que haya reacciones de resistencia. Esto que acabo de decir, otra vez, no significa que los individuos sean “malos”, ni que las “clases medias” sean culpables de nada. Lo que importa aquí, que permite entender las tensiones sociales y políticas entre el kirchnerismo y Cambiemos, es que el acercamiento de grupos que antes no estaban “cerca” socialmente, genera reacciones que buscan una recomposición de las posiciones previas, y un nuevo distanciamiento. En ese sentido, Cambiemos vino a prometer una restauración de las distancias anteriores, y eso tiene consecuencias muy profundas, entre otras, que se busca recomponer la representación sobre determinados sectores que el kirchnerismo había en cierta forma descuidado. Hay que reconocer que, por tradición, por identidad, por necesidad, o porque decidió dedicarse a otros aspectos, el Kirchnerismo no logró representar los malestares de las clases medias bajas y medias altas, como tampoco a los sectores populares que comenzaban a ascender, por ejemplo. El Kirchnerismo compartía –y hablo en pasado porque hay que ver qué ocurre ante este nuevo escenario electoral–una concepción de los sectores populares y las clases medias bajas, que los asociaba con la solidaridad, lo colectivo, la legitimidad de las herramientas de ascenso social vinculadas con el Estado, y esperaba una suerte de traducción automática entre el bienestar socioeconómico y el político. Entonces, gran parte de la dirigencia política kirchnerista creyó que, con el ascenso social, mediante el aumento del grado de bienestar socioeconómico de todos estos sectores medios y bajos, a los que se benefició a través de distintas vías, esto se traduciría en lealtad política. Se esperaba que esos individuos que habían mejorado sus condiciones de vida durante aquellos años, entendieran, o reconocieran, que esas mejoras se correspondían con el escenario que se había generado para ellos desde el poder político. Se aguardaba una suerte de reconocimiento de que las trayectorias no son individuales, sino colectivas, y que los individuos debían reconocer que todo su desempeño individual era potenciado por un contexto general, habilitado por el poder político. Pero eso no sucedió, ese reconocimiento político no llegó. De ahí parte una idea que, a mi entender, es bastante clara: no hay que esperar, necesariamente, una correspondencia entre bienestar socioeconómico y, digamos, “bienestar político”; esas dos esferas no se traducen entre sí automáticamente. Porque por ejemplo a veces los individuos le atribuyen su bienestar socioeconómico meramente a su desempeño individual Aquí no sólo estamos señalando algunos límites de la experiencia kirchnerista, sino también tratando de interpretar qué es lo que sucede cuando acontecen modificaciones profundas en las posiciones de los distintos sectores sociales. En ese marco de análisis, una de las consecuencias de la mejora en las condiciones de vida de la mayor parte de los argentinos, o de los sectores más postergados, fue, paradójicamente, el triunfo en 2015 de un proyecto que vino a destruir esos acercamientos, a instaurar nuevas distancias sociales”.

Su claridad conceptual, y la contundencia de sus afirmaciones, hicieron simple un análisis que es, de por sí, complejo. En base al panorama que planteó respecto a los cambios de la realidad social y política de la Argentina del presente, en contraste con la del pasado inmediato, resultaba pertinente abordar los impactos que esos cambios tendrán, a su entender, en el escenario electoral de este año.

Se tomó unos segundos para pensar la respuesta, y aseveró: “Resulta difícil hacer proyecciones en un escenario tan complicado e incierto. Sin embargo, puedo rescatar dos datos que pueden ser útiles para interpretar el panorama que es posible que se abra, dado el contexto. Desde el punto de vista social, el gobierno de Macri ha logrado generar, en distintos sectores, una situación de profundo malestar, sobre todo, con lo que sucede en la economía. Cambiemos no supo encontrar el límite entre esa dinámica de gestar, y mantener, las distancias sociales, y de destruir, prácticamente, a los sectores medios y más bajos. El deterioro profundo de las condiciones de vida, el empeoramiento de la cotidianeidad de la mayoría de los argentinos fue generalizado, más allá de los posicionamientos en los distintos estratos sociales. Por cierto, es completamente diferencial la capacidad de sortear las crisis y la incertidumbre que poseen los sectores privilegiados. Lo cierto es que Cambiemos en completa soledad, prácticamente sin ningún tipo de oposición enfrente por más de 3 años, logró tender un arco de solidaridad entre distintos sectores sociales que ahora comparten experiencias de privación profunda de sus condiciones de vida. La pauperización de la mayor parte de la sociedad es un dato, ahora de homogeneización, que puede implicar una tendencia a adherir a proyectos comunes, o no. A pesar de que Cambiemos se propuso restaurar las jerarquías, fragmentar e individualizar, de golpe, por efecto de la pérdida completa del control de la economía, homogeneizó la situación de malestar de amplios sectores. Ahora bien, si decíamos que durante el Kirchnerismo no fue posible deducir una mejora en el bienestar social, y su traducción en bienestar político, tampoco podemos generalizar malestar socioeconómico y decir que eso, naturalmente, se va a reflejar en un voto castigo hacia el gobierno nacional. Las últimas encuestas están mostrando que la polarización es un dato que permanece desde las primeras mediciones, de hecho, es uno de los datos clave de la campaña. Además, se percibe un crecimiento de la figura de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y un deterioro progresivo de la imagen de Mauricio Macri y su equipo. Estas tendencias generales se van a modificar nuevamente, sin dudas, después de la reciente decisión de la fórmula Fernández-Fernández para las PASO. Esto que acabo de mencionar no se ve reflejado solamente en las encuestas, es un proceso que se viene gestando hace tiempo. A su vez, hay, aproximadamente, un tercio del electorado, que aún no ha definido su voto, y que no puede ser agrupado en ninguno de esos dos polos. El malestar socioeconómico no necesariamente se va a traducir en un voto castigo a Macri. Aunque sería muy inocente decir que eso no va a suceder de ninguna forma, también es válido decir que no necesariamente lo que sucede con el malestar en la situación socioeconómica definirá las elecciones, porque entran en juego cuestiones culturales y simbólicas que van siempre de la mano de la percepción del deterioro en las condiciones de vida”.

Así, Paula lograba explicar, y unificar, la coyuntura socioeconómica con el juego político. En base a esas aclaraciones, prosiguió: “Como sabemos, la política es relacional, hay que ver qué sucede este año de elecciones, porque no es igual la decisión de un individuo cuando tiene que elegir entre Macri y Fernández de Kirchner, que cuando tiene que elegir entre Macri y otro candidato que no sea Cristina. Por ejemplo, no es posible saber ahora qué sucederá con la fórmula Fernández-Fernández, que vuelve a modificar el escenario; precisamente, porque la política es relacional. La política se modifica continuamente, al igual que los escenarios que influyen en ella. En paralelo, repito, Cambiemos logró, en completa soledad, solidarizar a sectores sociales que estaban, prácticamente, en las antípodas. Por las razones expuestas, cabe afirmar que es un escenario muy volátil. La propuesta que traía Roberto Lavagna, por ejemplo, respecto al consenso, al diálogo, que se contraponía a la “grieta”, se está extendiendo, y ahora puede ser retomada. Hasta el Kirchnerismo ahora llama a combatir esa “grieta”, mientras Cambiemos, por su lado, ha lanzado los diez puntos del consenso. La polarización es el dato en este escenario, pero al mismo tiempo, todos se están dando cuenta de que ese tercio indeciso tiene que ser convocado de alguna forma; es, de hecho, un tercio que se agranda, se achica, según el pasar de los días, y los acontecimientos. No hay que mirar la foto del día, sino el proceso; dada la incertidumbre actual, hay que tener cuidado con las proyecciones que hagamos”.

Su alusión a la situación de la polarización me remitió a un artículo que escribió para Revista Crisis, en febrero de este año, titulado: “Una fumata blanca”. Allí, Paula resalta que, aunque Cambiemos se define como un fenómeno “no político”, es más bien uno “hiper-político”, al igual que el Kirchnerismo.

Al respecto, su reflexión fue profusa, e incluyó referencias históricas: “No hay nada más político que un proyecto que dice que no es político. Si pensamos en la historia argentina, todos los proyectos, y recordemos las experiencias, sobre todo, de las dictaduras militares, del Menemismo, han sido políticos. En ese sentido, Cambiemos es un ejemplo claro; desde el inicio, la propuesta fue desactivar esta politización de las desigualdades que había hecho el Kirchnerismo. Éste último, identificaba las desigualdades, expresaba quiénes eran los responsables, al igual que los enemigos, construía colectivos un “nosotros contra ellos”; se trataba de una experiencia que escenificaba y hacía explícita la política, y la hacía parte de su identidad. El Kirchnerismo propuso, realmente, una politización de la desigualdad social, porque, cuando la nombraba, la explicaba y daba cuenta de sus causas. Eso generó una sobre-politización también, una especie de exacerbación de la politicidad que, para muchos sectores sociales, resultó insoportable, chocante. De hecho, si uno observa la campaña electoral de 2015, y las elecciones legislativas de 2017, puede identificar una adhesión importante de parte de la sociedad a una forma de vida más “normal”, que implicaba no exacerbar los antagonismos, esa idea de “poder vivir tranquilo”. Cambiemos se hace eco de eso, y lo incorpora a su discurso, que se convierte en sistemático; todos los funcionarios del gobierno presentan discursos fuertemente guionados en ese sentido. Para el libro que estoy preparando para la Editorial Siglo XXI, analicé las presentaciones públicas de las seis mujeres más importantes del gobierno de Cambiemos; en sus distintas versiones, identifiqué las mismas palabras en el relato, siempre alusivas a la “cercanía”, la “confianza”, la “tranquilidad”, la “previsibilidad”, el “orden”, la “paz”, en resumen, Cambiemos se presenta como un gobierno que viene a restituir un mundo sin política, y sin conflicto, aun cuando nos ha sumido en el abismo económico. Ahora bien, ese discurso viabiliza la exclusión de los “otros” sociales. Si el Kirchnerismo había hecho de la “grieta” política uno de sus principales instrumentos de identidad, en el sentido de que siempre había un enemigo, un adversario claro y explicitado, Cambiemos, a pesar de su discurso anti-político, marca una fuerte grieta con los enemigos del orden. Aquí aparece un fenómeno interesante, porque, a pesar de que ambos nos propusieron modelos de sociedad completamente antagónicos, uno con distancias sociales reducidas, y otro con distancias ampliadas, los dos necesitaron de la “grieta” para gobernar”.

A partir de su reflexión, me atreví a interrumpirla para comentarle que, en efecto, Cambiemos y el Kirchnerismo son dos estilos políticos que se necesitan el uno al otro, y esa necesidad es la que mantiene viva la “hoguera” de la política de los últimos años en la Argentina.

Ese paréntesis en nuestra conversación sirvió de inspiración para que Paula prosiguiera con su análisis: “Es interesante ver cómo la crisis del 2001, que, desde el punto de vista de las demandas y reclamos explícitos de los protagonistas, fue una de las más anti-políticas de la historia reciente, donde el lema explícito era, recordemos, “que se vayan todos”, reflejo del repudio a la clase política en general, contribuyó al nacimiento de las dos fuerzas políticas más novedosas de las décadas que siguieron. Esos dos contendientes se mantuvieron como tales, a pesar de que uno de ellos afirma que no es político, y se apoya en los supuestos pilares del diálogo y el consenso. Claramente, esa crisis anti-política, dio a luz a dos hijos ultra-políticos que, en ese marco, definieron todos los años que vinieron después, hasta el día de hoy”.

En línea con esas afirmaciones, quise preguntarle por el rol de la oposición al gobierno, que opera, en un punto, como observadora, en tanto todavía no determina si se va a unificar de cara a las elecciones. Quise ahondar sobre esa “incertidumbre” y consultarle qué hay detrás de ese silencio.

Al respecto, profundizó: “Es interesante ver que la dirigencia está ante un hecho extraordinario, que tiene que ver con que la oposición aún no entiende, no descifra a Cambiemos, y ya le tiene que ganar. El Peronismo se encuentra con un adversario nuevo. Por nuestra parte, nos pasamos estos casi cuatro años intentando identificar si se trataba de una derecha nueva, vieja, moderna, democrática, quiénes eran, de dónde venían. Los sociólogos nos pusimos a trabajar para entender el perfil sociológico de quienes integran Cambiemos, y todavía no conocemos a quiénes nos están gobernando. Eso implica un desafío profundo. Además, hay que resaltar que, gran parte de las dificultades que ha tenido la oposición para poder constituirse como tal tienen que ver con que Cambiemos vino a hablarles en un léxico, y con un énfasis, diferente a la gramática con la que el Peronismo, en general, se siente cómodo. El Peronismo, por tradición e identidad, vale, en ese sentido, identificar en los discursos de Perón, sobre todo en su periodo de constitución como líder de los trabajadores, el énfasis puesto en la idea del beneficio material, de la recomposición del salario y las condiciones laborales, y en la idea de realidad como ordenadora de la vida en sociedad. De allí se desprende que, para el Peronismo, lo simbólico y lo cultural tienen menor importancia que lo real (mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar). Eso se refleja en el Kirchnerismo; la idea de que, si se logran buenas políticas distributivas, eso debe llevar al bienestar político, a las adhesiones al proyecto. Pero, como ya enfaticé, eso no es así, es un error asumir que es automático. Cambiemos vino a hacer todo lo contrario, a destruir el bienestar material de la mayor parte de los argentinos, devolviéndoles un conjunto de imágenes, representaciones, figuras, evocaciones, es decir, realizó un trabajo cultural y simbólico para el que la oposición peronista no estaba preparada. Se trata de dos fuerzas políticas que hablan en léxicos distintos. El Kirchnerismo, y el Peronismo en general, hablan de que la única verdad es la realidad, y si no se habla de la realidad, se está mintiendo. Mientras que Cambiemos se apoya en lo contrario, la realidad no es la única verdad, porque Cambiemos supo aprovechar otros múltiples universos de sentido, configuraciones culturales, que provocaron adhesiones muy persistentes. El problema de Cambiemos es que el desastre que han hecho en el plano económico los ha llevado a tener que construir un discurso sobre la “realidad”, y no han podido hacerlo”.

A modo de reflexión sobre ese último punto, Paula se tomó un instante y continuó: “La pregunta que surge es: ¿qué hubiera pasado si Cambiemos no hubiese sido tan malo en la gestión de la economía? Los contra-fácticos no son amigables, porque desde las Ciencias Sociales no hay mucho para decir en ese sentido, pero es cierto que la crisis que está viviendo Cambiemos en la actualidad es resultado, casi exclusivamente, de sus acciones. La situación en la que se encuentra no es resultado del aumento del conflicto social, o del malestar por la pauperización económica. Ellos solos chocaron la calesita. Y esto es sorprendente. Porque, precisamente, por el perfil empresarial, por la extendida presencia de managers o empresarios del sector privado, y por esa idea sobre la que tanto se ha enfatizado de que los privados vienen del ámbito del “saber hacer”, hubiésemos esperado una excelente gestión económica de parte de Cambiemos, pero fue ahí donde fracasaron. Entonces, me planteo que, si no hubiesen gestionado tan mal la economía, es probable que hubiesen ganado las elecciones que vienen perdiendo, y probablemente las generales. Por el contrario, el contexto actual es de pérdida, no solamente del control de la actividad económica, sino también de la autoridad política, de la iniciativa. Cambiemos, durante los primeros tres años y medio de gobierno, fue una máquina de marcar agenda, decidía cuáles eran los temas de los que se hablaba. Así, en poco tiempo, pasó de definir los temas de la agenda política, a perder esa capacidad, sobre todo, luego de la crisis de mayo de 2018 cuando, a partir del deterioro de la situación económica, firmó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Desde entonces, comenzó a perder el control de la agenda, y no logró recuperarlo. Pero, repito, esto ocurre como consecuencia de los propios errores, y no de la reacción, o de la oposición de una sociedad que fue brutalmente pauperizada. A cambio de prácticamente nada, aunque sí, claro, de símbolos, muy referenciados en determinados elementos del sentido común. Pensemos, ¿qué es lo que sucedió en nuestra sociedad para que, durante estos tres años y medio, le permitamos a un gobierno que nos prive de, prácticamente, todo, a cambio de símbolos y promesas de futuros que nunca llegaban?”.

Esa pregunta abrió un espacio de silencio, de esos que invitan a pensar seriamente qué está ocurriendo, y a repasar, inevitablemente, el pasado reciente. Acto seguido, le consulté si le parecía que, recién ahora que la situación económica es apremiante, la sociedad empieza a despertar.

Mi consulta tuvo, de su parte, una observacióncategórica: “Es cierto que la sociedad está despertando, pero eso dista de traducirse en movilizaciones, en reactivación de la acción sindical, por ejemplo. Esas son las situaciones que a mí me preocupan, y hacen que me cuestione qué sucedió para que se haya tolerado tanto. Es verdad que los hechos de corrupción del gobierno anterior, en muchos casos, si efectivamente fueron ciertos, tienen que ser sancionados judicialmente. Sin embargo, a cambio de esa “sanación” de la corrupción, hemos tolerado la destrucción de la educación pública, del sistema de ciencia y tecnología, el deterioro salarial, el incremento desmedido de los precios de los productos de la canasta básica. Se trata de un fenómeno que, pase lo que pase en el futuro, hay que seguir estudiando, porque nuestra sociedad ha sido una constante productora de símbolos, de sentidos, en los últimos años. Esto, sin dudas, tiene que ver con la ultra-politicidad, tanto del Kirchnerismo como de Cambiemos. La gestación de nuevos vínculos con la política, cambios en la representación, la derechización, la polarización, todo eso es producto de estas últimas experiencias políticas. Estos fenómenos invitan a un análisis profundo de este periodo de nuestra historia, para identificar qué fue lo que pasó, porque contradijo varias de las certezas que teníamos los cientistas sociales. En esos momentos donde se cumplen las leyes de las Ciencias Sociales, es importante mirar, pero más relevante es hacerlo cuando ocurren este tipo de excepciones”.

Nos acercábamos al final de la entrevista, y ameritaba consultarle acerca de la “anatomía de las elites”, una deconstrucción que caracteriza al trabajo de Paula en la etapa reciente, y se refleja, de hecho, en los artículos y libros que ha escrito en los últimos tiempos.

Para responder a mi pregunta, hizo referencia al Observatorio de las Elites del CITRA-UMET-CONICET, que creó y que coordina junto a Ana Castellani. Me explicó: “En el Observatorio de las Elites hacemos un seguimiento de la configuración de las elites argentinas. Creamos el Observatorio en 2016; en ese momento, para analizar la configuración sociológica del primer gabinete de Macri, donde nos encontramos con la presencia, bastante inédita, de los CEOs, que son muy importantes dentro del gabinete nacional. Desde el Observatorio publicamos informes periódicos: sobre el gabinete de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, que es realmente diferente al del gobierno de Macri, porque tiene una configuración más estatal-pública, con menos funcionarios que provienen del sector privado. En el gabinete de Vidal, los CEOs tienen un peso importante, pero no el que poseen en el nacional. A su vez, analizamos el gabinete de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires. Y otros temas. Nuestro trabajo es sistemático: relevamos datos de los gabinetes, para luego compararlos. En el libro que estoy preparando para Siglo XXI, tengo un capítulo donde comparo los tres gabinetes, y establezco las diferencias entre las elites que gobernaron los ejecutivos más importantes de Cambiemos a partir de 2015. En ese sentido, cabe aclarar que observamos los gabinetes iniciales, no hacemos un seguimiento permanente porque sería muy complejo, en especial, si se considera que están cambiando constantemente. Ahora bien, lo que identificamos con nuestros estudios es que Cambiemos trajo una elite nueva, que tiene rasgos específicos como otros que responden a las transformaciones de la sociedad argentina en general, por ejemplo, a los cambios en el perfil educativo, que repiten la baja de presencia de mujeres en los gabinetes –esto es permanente, no es privativo de Cambiemos–. A su vez, hemos logrado establecer características distintivas, y otras que contradicen incluso la forma en la cual Cambiemos se presenta como fuerza política en nuestra sociedad, por ejemplo, el alto nivel educativo de sus funcionarios, comparado con gabinetes anteriores, la especialización de muchos funcionarios en la administración de los asuntos públicos, en particular, en los gabinetes de Vidal y de Larreta, contra la idea de una “generación nueva” o de “gobierno de los CEOs”. la forma en la cual Cambiemos integró sus gabinetes nos permite poner en cuestión esa idea general que teníamos cuando Cambiemos triunfó en las elecciones de 2015, que afirmaba que no iban a tener cuadros para gobernar, y que a muchos los llevó a subestimarlos bastante como fuerza de gobierno. Por el contrario, efectivamente, han logrado cuadros muy formados, de profesionales que provienen de distintos espacios. En el caso de Vidal, se ha reclutado a gente del peronismo de la provincia de Buenos Aires, a diferencia de Macri, que ha reclutado, sobre todo, a empresarios del sector privado argentino. Se trata, entonces, de una elite nueva, donde la educación obtenida posee un peso muy fuerte, y se caracteriza por haber sido adquirida tanto en las universidades privadas argentinas, como en el exterior. En el conjunto, el dato más sobresaliente es la presencia de los CEOs. Una cuestión inédita, que está trabajada en algunos de nuestros artículos en revistas, es la extensión de su presencia en el gobierno. Porque en el pasado, los hombres de empresa se agrupaban en las áreas de gestión económica: el Ministerio de Economía, los Ministerios de Hacienda, Finanzas, Industria; ahora, hay CEOs en la Jefatura de Gabinete de Ministros, donde ocupan casi el 70% de la cúpula en 2015, y en el Ministerio del Interior. Estos dos ministerios, que han sido el espacio de los hombres políticos por excelencia, hoy están compuestos por CEOs. Sin embargo, es importante resaltar que esto ocurre a nivel nacional; cuando uno mira gabinetes más locales y provinciales, la cuestión cambia. Eso nos habla de la versatilidad que tiene Cambiemos como fuerza política, que en relativamente poco tiempo ha sido capaz de generar una cierta descendencia. Macri es la figura más importante, pero Vidal y Rodríguez Larreta, a pesar de la coyuntura actual, son perfiles muy importantes. En este sentido parece que Cambiemos ha hecho mucho mejor labor que la oposición, que siempre ha tenido problemas para gestar descendencia que tenga capacidad de liderazgo y conducción. Estamos frente a una criatura política nueva y particular y, en base a ello, habrá que ver cuál es su destino de cara a los próximos escenarios electorales.”.

La hora reloj que transcurrió desde que empezamos a conversar, hasta que finalizó la entrevista, fue fugaz.

Paula tenía otros compromisos que atender, y eso nos obligó a cerrar la charla, una charla que podría haber continuado largo tiempo más, de no haber tenido límites a los que ajustarse. De modo simple, claro, y sin titubeos, supo recorrer la gestión de Cambiemos identificando cada uno de sus rasgos: el por qué y el cómo del “cambio cultural”, el significado de lo que ella denomina la “ortopedia moral”, y los legados, no sólo en términos de la pauperización de la situación económica, sino también de las concesiones que le ha hecho a Cambiemos nuestra sociedad, y las nuevas incorporaciones de perfiles profesionales inéditos a los cuadros políticos más importantes de la Argentina. Su análisis también dio cuenta de las razones por las que el Kirchnerismo y Cambiemos se necesitan mutuamente, por qué son ambos ultra-políticos. Resta ahora observar, a conciencia, qué futuro nos depara el escenario electoral en un contexto de inusitada polarización. Seguramente, habrá oportunidad de analizar esa nueva coyuntura con Paula y, como esta vez, se hará presente el deseo de que el tiempo no corra, para continuar escuchándola.

 

· Entrevista publicada originalmente en la revista Tramas (Escuela de Gobierno de la Provincia del Chaco): http://tramas.escueladegobierno.gob.ar/articulo/conversando-con-paula-canelo/ 


Tramas 20190507_165736 Conversando con Paula Canelo  Revista Tramas

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